
Despertar
Abro los ojos y me encuentro con una oscuridad inmensa.
«¿Cómo llegué aquí?»
Siento todo mi peso en la espalda. Seguro estoy acostado boca arriba. Lentamente abro los puños y los muevo, comprobando que aun tengo todos los dedos. Noto todo el cuerpo entumecido.
«¿Cómo llegué aquí?» me pregunto una vez mas.
Intento levantar las manos para llevármelas a la cabeza, pero se chocan con un techo duro y humedecido. Lo tanteo unos momentos hasta tener en claro que esta hecho claramente de madera. Probablemente desde el suelo hasta él habrá de sesenta a ochenta centímetros.
Llevo las manos hacia los costados, al poco rato logro tocar los costados. Calculo que habrá mas o menos un metro. Con cautela vuelvo los brazos hacia arriba. Le doy golpes para poder determinar que podría llegar a estar del otro lado. La madera hace un ruido sordo, y cae tierra por donde las tablas se juntan.
Abro los ojos con sorpresa y siento que el corazón se me detiene por un segundo. Intento no entrar en la desesperación. La madera, las medidas, el ruido, la tierra…
«¡Esto es un ataúd!» es el único pensamiento coherente que tengo, mientras que mi boca se abre de la estupefacción. «¿Qué demonios hago aquí?»
Intento regular mis latidos que parecen resonar dentro de la caja. Inhalo… La oscuridad no me ayuda en absoluto. Exhalo… No me gustan los lugares cerrados. Inhalo… ¿Qué hago ahora? Exhalo… Procuro recordar como llegue aquí.
Si estoy en un ataúd, probablemente me hayan creído muerto. Muy probablemente. Estoy seguro en un noventa por ciento. El otro diez por ciento es que me hayan enterrado a propósito, incluso sabiendo que estaba vivo. Pero ¿quién?
Un paso atrás, me doy cuenta que no recuerdo nada de mi vida. Ni mi nombre, ni mis padres, ni siquiera si tengo padres. «Recuerda» me digo.
Espera un segundo. Tal vez si me hayan enterrado a propósito, seguro que tenia enemigos. Y no unos enemigos como seria en la escuela secundaria, o incluso una competición, si no unos enemigos que me querían fuera del camino, costase lo que costase. Me duelen los músculos como si hubiera estado días, meses incluso, acostado en la misma posición. «¿Y si de veras hubiera estado tanto tiempo dentro del ataúd?»
Eso me hace descartar casi en su totalidad la teoría de que me enterraran con el propósito de mantenerme fuera del camino. Aunque, por supuesto, me pudieron haber drogado para mantenerme dormido mientras me enterraban, y luego para darles tiempo a escapar.
En el caso de que me creyeran muerto, tuvieron que haberme tomado el pulso en algún momento para comprobar si mi corazón seguía latiendo. Pude haberme desmayado y aquellos que me enterraron pensaron que había fallecido. O tal vez tuve un ataque cardiaco…
«Un ataque cardiaco… ¡Un ataque cardiaco!»
De nuevo me tenso, abro los ojos como platos y mi corazón se detiene en seco.
«¡UN ATAQUE CARDIACO!»
Y todos mis recuerdos me golpearon. Pero dos de ellos parecieron quedarse escritos con mayúsculas en mi retina, haciendo imposible dejar de pensar en ellos.
«Yo soy L, y Light Yagami es Kira»
Cerré la puerta de la casa algo fuerte en indignación.
—¿En serio tenemos que ir?—pregunté en cuanto llegué al auto.—¿No me puedo quedar con la abuela o algo?
Mi madre terminó de poner la última mochila en el maletero y lo cerró ántes de lanzar todo el aire que tenia en los pulmones.
—Por Dios Maddelyn—me dijo llevandose una mano a la frente—, son tus tios. Vamos todos los años.
Eso era verdad: siempre que íbamos a lo de mi papá (que quedaba a un día de viaje en coche al sur del pais) parábamos un par de días en lo del hermano de mi madre.
Mis primos eran el verdadero problema. Ellos vivían molestándome, los cuatro: Ryan, el mayor, que tenía diesciséis años (sólo dos más que yo) era generalmente la cabeza del grupo; luego los mellizos Alex y Mia, de mi edad y eran los más activos; y por último Jared el complice de ocho años, nada más.
—Son tus primos, ¿verdad?—preguntó mi madre abriendome la puerta del auto. A veces parecía que me leía la mente.
Yo bajé la mirada y asentí ligeramente. Me metí tórpemente en el asiento del copiloto. Mi mamá dio la vuelta al vehiculo y se subió por el otro lado.
—No te preocupes—dijo a la par que el auto se ponía en marcha—, son sólo dos dias, no es una eternidad.
Me miro fíjamente a los ojos. Con esos ojos verdes que yo no había heredado.
En mi madre se podía ver la belleza que alguna vez tuvo, ántes de tenerme a mí. Y yo casi ni me parecía a ella: ella tenía el pelo de un marron rojizo y unos ojos verdes que miraban al alma. Mi cabello era marron, también, pero no tenía esos peculiares tonos rojos, y mis ojos eran castaños, castaños a secas. Y encima hay que sumarle que mido un par de centímetros menos de los que me gustarían.
Ella siempre andaba con una lapicera y un papel a mano para cuando le venía la inspiracion. Lo que ella no sabía era que yo había leído varios de los escritos que hizo mientras no miraba. Con sus palabras me trasportaba a otro mundo.
Tomé del bolsillo de mi campera el MP3 que me había regalado hace dos cumpleaños y me puse los auriculares. Busqué “Let The Flames Begin” de Paramore y recosté mi cabeza contra la ventana.
El auto se movía con la misma gracia que tenía la que lo conducía cuando su lapicera trazaba parrafos en la primera hoja que encontraban.
Aún con la cabeza en el vidrio, vi el terreno pasar a gran velocidad a medida que avanzábamos nuestro viaje de cinco horas a hasta la casa de mis tíos.
Suspiré y dejé que el sueño que léntamente se apoderaba de mí me llevara en sus brazos. Cerré los ojos y me dejé mecer junto con el vehiculo, y escuchaba la musica en mis auriculares. Eso era algo que me aseguraba que no estaba dormida del todo. Sino en un estado de duermevela.
Me recordé que mientras que no esté dormida, mis sueños no me iban a atormentar.
— Maddy— dijo mi madre tomandome suavemente del hombro—, ya casi llegamos.
Lentamente abrí mis ojos e intenté incorporarme como pude. Mi mamá giró a la derecha entrando en un camino de tierra desde la autopista.
«¿Camino de tierra?» Me pregunté.
Mis tíos desde siempre habían vivido en una casa de dos pisos en la ciudad. ¿Qué haciamos aquí?
—¿Que ellos no vivían en la ciudad?—pregunté aún entre bostezos.
—Casa de campo—me dijo mi madre, como si con eso entendiera todo.
Antes de que pudiera pedir una explicación, una casa de dos pisos con techo de tejas y pintada de blanco se visualizó en la cercanía.
Mi madre no había disminuído demasiado la velocidad, pero ahora estaba más atenta y con los ojos más abiertos, tomando con fuerza el volante. Tanto, que sus nudillos casi se ponían blancos.
Parados en el porche de la casa estaban mis tíos Benjamin y Jenn junto con Ryan; y los mellizos y Jared esperaban sentados en el escalon.
Mía se levanto al ver el auto, empujando bruscamente a Alex. Sus rizos rubios se volaban con la brisa que se había levantado y tenía una sonrisa de oreja a oreja. Traía puesta una remera holgada color celeste que combinaba a la perfeción con sus ojos claros, unos oscuros vaqueros cortos y unas zapatillas negras.
Cuando el auto frenó, ella ya había llegado hasta la puerta del copiloto. ¿Ella? ¿Esperandome? Alex se levantó, pero Jared siguió en su lugar. Tenía la cabeza recostada contra la columna de madera, seguro se había quedado dormido. No pude evitar sentir ternura, incluso aunque fuera un complice. ¿Hace cuanto nos habrían estado esperando?
Abrí la puerta con el cuidado de no golpear a Mía. Mi madre ya había salido del auto y estaba abrazando a su hermano. Cuando lo soltó, se puso a hablar con él y su esposa. Cuando yo salí del auto, Mía me abrazo como si no me hubiera visto ya desde hace años y hubiéramos sido las mejores amigas desde una eternidad.
Dudé un poco si devolverle el abrazo, pero seguro que eso era lo que mi madre habría querido. Por el rabijo del ojo noté como Alex le daba unos lijeros empujones a su hermano dormido para que se despertara. “Tan chiquito y no tiene pesadillas” pensé. Debe de dormir en paz. Sonreí ante ese pensamiento, pero luego me sentí celosa. Yo le temía a mis sueños. Había intentado quedarme despierta noches enteras para no tener esas pesadillas, pero sin buenos resultados.
Ryan saludó a mi madre y luego se recostó contra la pared de la casa. Antes de poder seguir viendo, vinieron Alex y Jared a saludarme. Alex me dio un abrazo amistoso y pocos segundos despues se nos sumó Jared. Cuando nos separamos, yo le despeiné un poco el pelo castaño a Jared, con una sonrisa. Una de verdad.
—No me gusta que me toquen en pelo—dijo Jared llevándose las manos hacia la cabeza, como protegiéndose de que le despeine de nuevo.
Preguntado por Anónimo
Aww!!! tengo la mitad del segundo capitulo, asi que estate atenta ;)
Prefacio
Me había ido a dormir relativamente temprano comparado con mis otras noches. Mis horas de sueño siempre habían sido pocas gracias al insomnio que sufría desde que tengo memoria. Incluso no había cesado luego de lo que pasé. Las noches sin descanso siempre se hacían largas.
Esa noche me había ido a mi habitación pensando en ella. En ella y nadie más. Tenía que contarle mi secreto. Esa tarde había estado a punto, pero no había tenido el valor suficiente.
Sentía el cuarto helado en mi piel. Me tapé con las sabanas y cerré mis ojos.
Estaba caminando por la calle apedreada. Aquella que tanto conocía y había pasado tantas veces a lo largo de mi vida. Al menos en mi memoria. La calle de la Última Noche.
Me adentré en el mismo camino de siempre y como me esperaba, habían dos hombres asaltando a un niño de trece años, buscando algo de valor en sus bolsillos. Lo que ellos no sabían era que él tampoco tenia nada, y había estado buscando toda la noche algo para comer. Yo lo sabía. Y lo sabía, porque ese niño era yo.
Los hombres le golpearon, y cayó al suelo. Con el impacto contra el empedrado, la mejilla le empezó a sangrar. Ese golpe aun lo recuerdo años después. Y luego la sombra.
Por los techos de las casas saltó con mucha agilidad. Se detuvo sólo un momento y bajo de un movimiento. Sus ojos eran rojo carmesí, su cabello, negro como la noche. Tomó al hombre mayor y lo golpeó contra la pared; y al otro, le hundió los colmillos en su cuello, vaciándole el cuerpo de sangre.
Dejó caer el pálido cadáver al piso, como si fuera un muñeco de trapo roto. Se fue directo adonde había caído el otro hombre. Lo tomó del cabello con una mano y del hombro con la otra, haciéndose espacio para volver a clavar los caninos.
Podía verme a mi mismo observando con el pánico en mis ojos. Paralizado en el piso, en un completo shock. Cuando la chica termino con el hombre, giro su vista al niño tendido en el suelo. Se limpió con la mano los restos de sangre que quedaron en sus labios. Mirándome como un león que mira a una presa indefensa.
Y le llegó el turno al chico. Luego de años aun recordaba esa escena con total claridad. Volvía a revivir la quemazón del veneno, la debilidad de quedarme sin sangre. La ira me llenaba el corazón. Sentía mis ojos cambiando de color al ver lo que pasaba.
Siempre era lo mismo, ahora la sombra tenía que levantarse lentamente y—
Se oyó un ruido de algo cayendo. Nunca lo había oído…
Y desperté.
Me senté rápidamente en mi cama, sin saber que pasaba. Sólo pude ver a una chica parada en medio de mi habitación. Ella había tirado una caja que había sobre la mesada.
Cuando me vió, quedó paralizada en su lugar. Vi su mano. Se había cortado en una fina y recta línea sobre la palma. Su sangre brotaba lentamente…
Y el monstruo dentro de mi tomó el control.
Vi como su vida iba desvaneciéndose, escapándose de él como el humo entre los dedos. Sus ojos se iban apagando y su respiración cada vez era más lenta.
Pero lo que en verdad me sorprendía era que su rostro estaba remarcado por una sonrisa.
—Tranquila…— me dijo —yo ya había muerto una vez.
Y cerró los ojos.
En realidad, esa pregunta ya me la he hecho un montón de veces. Pero puedo responder esto: Soy Agustina, me encanta escribir, leer, dibujar, escuchar música, mirar anime, conocer gente nueva, y cantar (aunque a algunos les lastime los oídos). Me definen como loca, tal vez demasiado, y encuentro humor en casi todo. Tengo pensamientos variados. Me gusta definirme con cuatro personalidades, cada una con nombre. Aní esta loca y grita como maniática y no le molesta lo que piensen de ella. Ponzi es más filosofíca y encuentra la manera de desmenuzar cualquier pensamiento, pero es muy sensible. Winry es mi Otaku (fan del Anime) y es adicta al Yaoi y se banca el Yuri, pero no tengais miedo, aún no planeo nada con ello. Y Amit, que además de ser mi pseudónimo es la escritora, que se le dispara una historia con casi cualquier hecho y tiene más de 15 historias pensadas.
Volviendo a mí, mis colores favoritos son el azul, el verde manzana, el blanco y el violeta. Pienso que cada persona tiene el alma de un color determinado, pues el mío es azul gélido, no se por qué. Simplemente lo es.
No me saco fotos, nunca salgo bien. Es como un don que tengo. Mi instrumento favorito es la guitarra, su sonido trasmite paz. Soy muy pacifista. Amo el mate. Hago voley. No juego bien. No puedo vivir un día sin música. Me he enamorado varias veces…
Soy algo prejuiciosa. Odio serlo. Me molesta la gente que se cree mejor porque es más flaco, más alto, o más cualquier cosa. Soy celosa pero tengo mucho autocontrol.
Tuve el bloqueo del escritor por seis meses. Intento obtener inspiración de todos los lugares posibles, y saco tiempo de donde no hay.
Una personita especial se mudo lejos hace dos años y no lo veo desde entonces. Le dije lo mucho que le quería meses después. Intento no cometer errores de los que después me arrepienta. Pero la vida no vino con instrucciones. Animo a las personas a perseguir sus sueños, a no rendirse y a ser ellos mismos y nadie más.
Me despido, sin nada de lo que arrepentirme
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